
Tal es el caso de la llamada comunmente anguila ciega de los cenotes de Yucatán, Ophisternon infernalis, que vive en el fondo de las aguas de las cavernas que ocultan en su interior algún cenote.
El término de anguila se aplica por lo general a diversos peces de la familia de los Anguílidos, caracterizándose por ser de cuerpo largo y cilíndrico. La familia a la que pertenece la anguila ciega se llama Synbranchidae, y está integrada por peces con forma de anguila o anguliformes.
La anguila ciega de los cenotes de Yucatán es una especie considerada en peligro de extinción en las listas de las especies del país. Habita sólo en los cenotes cerrados, es decir, en las grutas.
ORGANOS SENSORIALES
Como su nombre lo indica, este pez es completamente ciego. Sin embargo, en su cabeza, donde presenta una gran pominencia, tiene numerosos órganos sensoriales muy desarrollados que suplen su sentido de la vista. Estas son características del género Ophisternon al que pertenece, cuyas especies sólo viven en las cavernas del Estado.
Otra peculiaridad de este grupo es que carece de pigmentos. Sin embargo, aunque esta anguila ciega tampoco está pigmentada, algunos ejemplares sí cuentan con una pigmentación ligera e irregular, sin un patrón definido de distribución en su alargado cuerpo. En 1984, el Departamento de Acuacultura y Biolgía Marina de la entonces Universidad de Yucatán, publicó una serie de interesantes estudios sobre la fauna de los cenotes de Yucatán.
El número 6 de esta serie, realizado por la investigadora Lizbeth Chumba Segura, corresponde a esta especie de los cenotes cerrados de Yucatán, y presenta información sobre la misma.
La parte anterior de la cabeza del Ophysternon infernalis tiene forma de espátula, como un pico de pato. Alrededor de la gran prominencia que en ella tiene, se abren los poros sensoriales de los que se vale ésta para orientarse en las oscuras aguasde las cavernas donde habita. Sus dientes son muy pequeños y dispuestos en una sola hilera.
Por arriba de su cabeza, en la parte dorsal, frente a la prominencia, puede verse la órbita escondida donde deberían estar los ojos. En general, la llamada anguila ciega tiene poros sensoriales en varias partes de la cabeza: delante de la órbita ocular están dos pequeños, y dos más cerca del borde de los labios.
Cinco laterales se encuentran del final de la mandíbula hacia arriba, rodeando la prominencia.
En la parte baja de la cabeza, la porción ventral, tienen una apertura branquial que consiste en una hendidura extendida ventralmente en forma de V. Es muy amplia y también tiene poros sensoriales.
Es así como en la cabeza de la anguila ciega de Yucatán reside la mayor parte del sistema sensitivo. A lo largo de su cuerpo se nota claramente la formación de su musculatura.
NO TIENE COLORACION
Por ser un animal cavernoso y no tener coloración, es posible ver claramente sus vasos sanguíneos, debido a la particular delicadeza de su piel, sobre todo en los alrededores de las branquias.
Sus aletas dorsal, anal y caudal, que se encuentran en la parte posterior de todos los peces, son en este caso rudimentarias y están unidas en una sola aleta.
Durante el estudio mencionado, se encontró que en algunos ejemplares de esta especie colectados en los cenotres de Maní y Tecoh no se notan los poros sensoriales, lo cual refleja el aislamiento ecológico de sus poblaciones en diferentes localidades.
Uno de los cenotes donde habita la anguila ciega de Yucatán es en el de Hoctún, localizado a un kilómetro de la plaza central del pueblo, sobre la carretera Hoctún-Valladolid.
La entrada a ese cenote cavernoso se encuentra en un henequenal y mude aproximadamente 1.80 metros de diámetro. Desde ahí baja hasta una larga cámara de 150 metros. Al final de la cámara se ve el cuerpo de agua subterránea, que tiene 20 metros de largo por 15 metros de ancho.
El agua en ese lugar es totalmente transparente, tal como se describe en el estudio en cuestión. En su fondo está cubierta con materia orgánica, principalmente guano.
La parte más baja del cenote tiene aproximadamente 15 centímetros de profundidad, y ésta aumente a los dos metros cerca de las paredes, volviéndose más profunda al centro de la caverna.
La anguila ciega prefiere las aguas más bajas, donde el sedimento de materia orgánica es más abundante, y quizá ese sea su alimento. Las condiciones ecológicas de ese hábitar son muy estables. Por ejemplo, la temperatura no cambia de los 27 grados centígrados.
En cuanto a la distribución de este pez primitivo, se encuentra restringida a las cavernas del centro y norte de Yucatán. Según consta en el estudio mencionado, se ha observado en los cenotes cerrados de Balancanché, municipio de Tinum; Kabahchén, Maní; Hoctún; El Pochote, Muna, y en Tzab Nah, Tecoh.
Sin embargo, en recientes visitas realizadas a los cenotes de Balancanché y El pochote, la investigadora Chumba Segura menciona no haber encontrado a esta especie en ellos.
Probablemente sea un indicio de que su distribución tiende a restringirse hacia la parte norte central del Estado, además de que no hay que olvidar que sus poblaciones se consideran en peligro de extinción.
El hecho de que una especie tan peculiar desaparezca pudiera no tener relevancia para nosotros como seres humanos habitantes de este planeta. Sin embargo, toda especie tiene un papel importante en la naturaleza y su desaparición se considera como un indicador del estado actual de los ecosistemas naturales y, por lo tanto, como un llamado de alerta.
El cangrejo bayoneta, un fósil viviente
Es el sobreviviente más conocido de una especie de invertebrados que existió hace millones de años.
De aspecto poco atractivo, color café claro y forma peculiar, semejante a una "cacerola con patas", despierta la curiosidad al desplazarse sobre la arena de las playas. El cangrejo bayoneta (Limulus polyphemus), "cacerolita de mar" o "cucaracha de mar", como se le llama en Yucatán, es el más conocido de los escasos sobrevivientes de una especie de invertebrados que existió hace millones de años.
De acuerdo con Pronatura Península de Yucatán, A.C., el cangrejo bayoneta pertenece a la clase de los Xifosuros y al subtipo de los Trilobites. Tiene un cuerpo dividido dorsalmente en tres lóbulos por surcos longitudinales, patas ventrales idénticas, de las cuales surgen apéndices y ojos catalogados como "compuestos".
Los Trilobites, invertebrados marinos desaparecidos por diversas causas, entre ellas la evolución, sólo pueden hallarse en forma de fósiles incrustados en rocas marinas. Su descripción se debe en su mayoría a estos restos.
Debido a su rareza y antigüedad, el cangrejo bayoneta es considerado un "fósil viviente" que puede ser hallado, aunque cada vez con menor frecuencia, en las costas del Atlántico y el Golfo de México, en las que lleva una vida excavadora y semisedentaria.
ALIMENTACION
Se sabe que se alimenta de moluscos de concha blanda y de otros pequeños animales marinos, a los que despedaza y desmenuza con un movimiento especial de las patas para extraerles la "pulpa". Los Xifosuros son los únicos que se alimentan con sustancia sólida y consumen materia orgánica descompuesta, algas y gusanos.
Una vez triturado el alimento, las partículas grandes no digeribles son expulsadas por regurgitación del esófago, en tanto que la materia "utilizable" continúa en dirección posterior a través de una valva o parte anterior agrandada del intestino medio, donde tiene lugar la producción de enzimas y la digestión, igual que en los "ciegos hepáticos". Estos también son área importante para la absorción del alimento. Los desechos son expulsados por un recto corto que se encuentra a un lado del abdomen, delante del telsón o cola.
La antigüedad de los Xifosuros se remonta al período Ordovícico y actualmente sólo quedan vivos tres géneros y cinco especies. Los Limulus tienen una longitud de 60 cm y color pardo obscuro. El caparazón tiene forma de herradura -por lo que en algunas regiones se le conoce como "herradura de caballo"-, convexo hacia arriba y cóncavo hacia abajo.
El aspecto de estos artrópodos es poco común. Su caparazón, única parte visible, está dividido en tres porciones: una semicircular que forma propiamente la cabeza, otra inferior abierta con apéndices y una cola larga que se adelgaza hasta la punta.
HABITOS DESCONOCIDOS
Sus hábitos son casi desconocidos, ya que sólo se le hace referencia por su apariencia, pero no por su importancia en la vida marina. Además, ha sido poco estudiado.
Su utilidad tampoco es manifiesta, pero cumple un papel importante en el ciclo biológico, ya que, al alimentarse de materia orgánica descompuesta, ayuda a la limpieza del fondo marino y de las playas.
Su sistema reproductor tiene la misma estructura en ambos sexos. Los huevos y espermatozoos llegan al exterior por conductos cortos. Durante el apareamiento, cuando se reúnen en los litorales, esteros, bahías y estrechos, el macho se sube al caparazón abdominal de la hembra y mantiene su unión con el primer par de apéndices, modificados en forma de gancho.
La hembra excava un lecho o depresión en la arena y deposita de 200 a 300 grandes huevos que son fecundados por el macho en tanto son depositados. Los huevos miden de 2 a 3 mm de diámetro y están cubiertos por una envoltura gruesa o "corion".
Al salir del huevo, la larva Trilobite mide aproximadamente 1 cm de longitud, nada activamente y excava en la arena. Después, a medida que madura, cambia de forma, desarrolla branquias y adopta la forma adulta. Alcanza su madurez sexual a los tres años.
En los puertos yucatecos es común ver los restos del cangrejo bayoneta colgados y exhibidos como decoración en algunos locales, como una "rareza" de la naturaleza, lo que no está muy lejos de cumplirse, ya que posiblemente en algunos años sea imposible encontralo y pase a formar parte de los fósiles de muestra de estudio de los biólogos marinos.
La Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología lo tiene catalogado actualmente como especie amenazada, por lo cual su cuidado y preservación forma parte de programas conservacionistas oficiales y de asociales civiles, como Pronatura Península de Yucatán.
(Ilustración: Jorge Rivas Cantillo)
RUTAS, DESCUBRIMIENTOS, EXPLORACIONES, VIAJES...
PRESENCIA ESPAÑOLA EN EL PACÍFICO
Isabelo Macías Domínguez
EL PACÍFICO HISPANO La presencia de España en el Pacífico, como lo fue en el Atlántico, no es más que una secuela de las actividades náuticas de los pueblos ibéricos y una consecuencia del proceso expansivo de Europa, en el que serán sus máximos protagonistas. Cuando se inició ese proceso expansivo, hacía más de dos mil años que los hombres de las tie- rras bañadas por el Mediterráneo dirigían sus miradas hacia Oriente. Entre otras razones porque es- taban persuadidos de que en aquellas tierras lejanas y misteriosas se hallaban los tesoros de la tierra. Pero las rutas hacia ellas estaban dominadas por los árabes y eran muy pocos los europeos que habían visto personalmente aquellos países. Algunos lo lograron y, al volver, contaron cosas que encandila- ron, a causa del fantástico esplendor oriental, la ávida imaginación europea.
El más notable de todos, Marco Polo, acabó con un mundo fabuloso o maravilloso que el hombre europeo había supuesto en las misteriosas tierras asiáticas. Pero, al mismo tiempo, dio vida a un mundo real, quizás más fantás- tico que el anterior. A partir de Marco Polo desaparecieron los grifos, los hombres monstruosos y las fábulas, y surgieron las especias, las perlas, las piedras preciosas, la seda, el oro de Cipango o el leja- no Gran Kan, para quien Colón llevó una carta de recomendación. Sin duda, todos esos productos y algunos más desempeñaron un papel decisivo en ese proceso expansivo y en el deseo del hombre europeo de llegar al extremo oriental de Eurasia.
Por lo que atañe a las especias, tanto la canela de Ceilán, como la nuez moscada, el jengibre, el clavo de las Molucas o la pimienta de la India, tenían una gran demanda en los mercados europeos. Además, de condimentos, las especias, eran el elemento primigenio de la conservación, junto con la sal y el humo, de las carnes del ganado europeo, sacrificado en otoño. Tanto se valora- ba la pimienta que era empleada, al igual que el oro, como medida de cambio. Vasco de Gama, a la pregunta que un sefardí le hizo en castellano en la costa de Malabar: «¿Qué venís a buscar tan le- jos, en la India?», respondió: «Cristianos y especias». 1 A estas mercancías se le sumaban sedas de la China, damascos y muselinas, y otros productos como el incienso, el alcanfor, el sándalo, y otros per- fumes y drogas de enorme utilidad para la liturgia cristiana, para la farmacopea –esencialmente ve- getal– o para perfumar unos hogares donde la higiene y el aseo personal dejaban mucho que desear. Todos estos productos procedían de las remotas regiones tropicales y subtropicales de Asia y de las islas llamadas de las Especias.
Pero desde que salían del lugar de origen hasta que llegaban a manos del último y definitivo comprador, su precio se encarecía considerablemente debido a los mu- chos intermediarios que intervenían en el proceso –chinos, malayos, hindúes, árabes, genoveses y ve- necianos–, una cadena que ponía los artículos asiáticos en los mercados últimos a precios prohibiti- vos. Y para complicar aún más las cosas, la ofensiva de los turcos otomanos en los Balcanes, amenazando el Bósforo y el mar Negro, dificultaba las vías del comercio del Oriente Próximo y en- carecía aún más los géneros. Esta nueva situación hizo cambiar también el planteamiento de las rutas comerciales con Oriente. Era preciso modificar los vectores del tráfico y llegar directamente a la India, bien por el sur.
del continente africano, bien navegando por el oeste hasta Asia. Vasco de Gama y Cristóbal Colón se encargaron de realizar ambos proyectos y de abrir dos nuevas rutas de navegación a los pueblos europeos. Con el tiempo, ambas rutas se unirán en las Molucas. A ellas llegarán primero los portu- gueses, que desde Malaca las descubrieron y reconocieron (Francisco Serrao, 1512). Nueve años después lo hacía la expedición de Magallanes-Elcano. EL PACÍFICO HISPANO Colón, en su camino hacia la Especiería, había encontrado una masa continental. Ese hallazgo iba a su- poner el aprovechamiento de incalculables riquezas, pero al mismo tiempo significaba una formidable barrera para llegar a los lugares de donde procedían las especias. Ello motivó que muy poco tiempo des- pués de hallarse América se plantease la necesidad de buscar un paso que salvara el obstáculo que el nuevo continente suponía. Ése fue el objetivo de la cuarta singladura colombina, la cual estuvo en fun- ción de los viajes de Vasco de Gama y Pedro Álvarez Cabral. El primero había logrado llegar a Calicut, y parecía factible que los portugueses, con un nuevo esfuerzo, alcanzaran las Molucas y monopoliza- ran sus fabulosas riquezas. El objetivo, pues, era adelantarse a los portugueses, descubrir y posesio- narse de las tierras orientales no halladas por éstos, sobre todo las islas de las Especias. La expedición no debía demorarse, y en marzo de 1502 zarpaba Vasco de Gama rumbo a la India. Un mes después, el 13 de abril, lo hacía Colón, que buscó infructuosamente el paso por las tierras centroamericanas. Vino entonces todo un ciclo de navegaciones presididas por dicha búsqueda hasta que Balboa atra- vesó el istmo y halló el Mar del Sur, y hasta que Fernando Magallanes, tras el fracasado viaje de Díaz de Solís, cruzó el estrecho de su nombre y fue a dar con las islas asiáticas, mercado de las especias. La primera circunnavegación El proyecto de Magallanes madurado en unión del cosmógrafo Ruy Faleiro consistía en realizar un viaje hacia el oeste que, rodeando por el sur el continente americano, le llevara a las afamadas islas Molucas, 2 asegurando que se encontraban dentro de la jurisdicción española. Magallanes, que, como Colón, había sido despreciado en Portugal, aportaba como currículo el haber estado al servicio del virrey de la India, Francisco de Almeida, en cuya flota embarcó en 1505, y conocer bien el área de la Sonda, pues había formado parte de las expediciones de reconocimiento y conquista de Malaca (1510-1511), en la que coincidió, probablemente, con Francisco Serrano. Y además tuvo noticias, a través de Serrano, de la que al mando de éste y Antonio de Abreu (1512-1513) exploraron Insulin- dia y las Molucas. 3 El 10 de agosto de 1519, desde Sevilla, y el 20 de septiembre, desde Sanlúcar, zarpó la expe- dición, compuesta de cinco naos – San Antonio , Trinidad , Concepción , Victoria y Santiago– y unos doscientos treinta hombres. El 21 de octubre de 1520 embocaron el estrecho que nombraron de las 0nce Mil Vírgenes, de los Patagones o Canal de Todos los Santos, y que muy pronto se conocería por el nombre de su descubridor: estrecho de Magallanes . Tardaron un mes en pasarlo. El 27 de no- viembre, la flota, de ya sólo tres naves –la Santiago había naufragado y la San Antonio había deserta- do–, desembocó en el Mar del Sur, al que llamaron Pacífico por sus tranquilas aguas. En la ruta por el Pacífico se dirigieron primero hacia el norte y después al noroeste. El 7 de marzo de 1521, tras cortar la equinoccial, hallaron las actuales Marianas, a las que nombraron de 2.La misma idea habían tenido Colón, Ves- pucio, los Caboto y los Corte Real. La di- ferencia estriba en que Magallanes afir- maba que hallaría el paso, porque sabía ciertamente dónde se hallaba. Se desco- noce cuál era la fuente de Magallanes, aunque la mayoría de los estudiosos del tema se inclinan por admitir que, como señala Pigaffeta, fue la carta o mapa de Martín Behaim, que existía en la Tesore- ría del rey de Portugal. Pigafetta, A., Pri- mer Viaje en torno del Globo , L. Cabrero (ed.), Madrid, 1986; pp. 71-72. Sobre el particular, Sanz, C., ¿Problema histórico re- suelto? ¿Cuál pudo ser el Mapa con el Estre- cho que vio Magallanes en la Tesorería del Rey de Portugal? , Madrid, 1973. 3.Magallanes había vuelto a Lisboa, de re- greso de Malaca «a pretender algún pre- mio por sus servicios. Recibió allí las car- tas de Francisco Serrano en que le daba grandes noticias de su descubrimiento del Maluco, con las cuales, encendido en el noble ardor de ganar fama y no ser menos que su compañero Serrano, valiéndose de algunas noticias que él allí le daba de las islas del Poniente, determinó emprender su descubrimiento ». San Agustín, OSA, G. de, Conquista de las Islas Filipinas (1565-1615) , Madrid, 1975; p. 35. 4.«El miércoles 28 de noviembre, desem- bocamos por el Estrecho para entrar en el gran mar, al que dimos enseguida el nombre de Pacífico, y en el cual navega- mos durante el espacio de tres meses y veinte días, sin probar ni un alimento fresco. El bizcocho que comíamos ya no era pan, sino un polvo mezclado de gu- sanos que habían devorado toda su sus- tancia, y que además tenía un hedor in- soportable por hallarse impregnado de orines de ratas. El agua que nos veíamos obligados a beber, estaba igualmente po- drida y hedionda... A menudo aun está- bamos reducidos a alimentarnos de ase- rrín y hasta las ratas, tan repelentes para el hombre, habían llegado a ser un ali- mento delicado que se pagaba medio du- cado por cada una. »Sin embargo, esto no era todo. Nuestra mayor desgracia era vernos atacados de una especie de enfermedad que hacía hincharse las encías hasta el extremo de sobrepasar los dientes en ambas mandí- bulas, haciendo que los enfermos no pu- diesen tomar ningún alimento. De estos murieron diecinueve...» ( Primer viaje ..., pp. 75-76). 28 FILIPINAS, PUERTA DE ORIENTE. DE LEGAZPI A MALASPINA
las Velas Latinas o de los Ladrones por la incorregible actitud depredadora de los indígenas. Duran- te la travesía, muchos de los tripulantes murieron de escorbuto, enfermedad entonces desconocida, la sed y el hambre. Sobre todo ello escribió Pigafetta. 4 Diez días después la mermada expedición arri- baba a las Filipinas, en Samar, a las que nombraron de San Lázaro por la festividad del día. Allí se en- contraban todos los productos que habían ido a buscar: canela, pimienta, jengibre, nuez moscada... Hacía siglos que el archipiélago filipino era centro de una importante red comercial con China por el norte y los musulmanes de la Sonda por el sur. El esperanzador contacto inicial con los indígenas se vio pronto truncado: en Mactán, una isla cercana a Cebú, murió Magallanes, que se había inmis- cuido en las rivalidades de los reyezuelos de las islas próximas, y ocho de sus hombres. Al fin, tras seis meses de navegación un tanto errática por el archipiélago de la Sonda, el 8 de noviembre de 1521 fondearon en el puerto de Tidore. Ya sólo quedaban la Trinidad , al mando de Gonzalo Gómez de Espinosa, oficialmente capitán general de la flota, y la Victoria , capitaneada por Juan Sebastián Elcano y en la práctica supremo jefe de la expedición. Se cumplía así el sueño co- lombino y de Magallanes de llegar a las Molucas por la vía de occidente. Ante la imposibilidad de que la Trinidad pudiera navegar, se decidió que Elcano regresara a Es- paña con la Victoria por la vía del cabo de Buena Esperanza. Gómez de Espinosa, por su parte, repa- PRESENCIA ESPAÑOLA EN EL PACÍFICO 29 J EAN -T HÉODORE DE B RY , Magallanes a la vista de Tierra de Fuego, descubre el estrecho que llevará su nombre. Bibliotéque Nationale, París.
rada la Trinidad , lo intentaría por el camino opuesto, es decir, hacia el Nuevo Mundo. Elcano, car- gada la Victoria con setecientas toneladas de clavo, partía de Tidore el 21 de diciembre. Navegó ale- jado de la costa, por el paralelo 42° de latitud sur, evitando las rutas transitadas por los portugueses. El 6 de septiembre de 1522, casi tres años después de su partida, Elcano entraba con dieciocho su- pervivientes en Sanlúcar, y el día 8 de septiembre anclaban en Sevilla. 5 Gómez de Espinosa, después de construir una factoría que dejó al cargo de cinco españoles, zarpó de Tidore con la Trinidad el 6 de abril de 1522. Llevaba cincuenta y cuatro tripulantes y nove- cientos quintales de clavo. Fue el primer intento fallido del tornaviaje. Tomaron rumbo nordeste y, después de tocar en las islas de los Ladrones (actuales Marianas), sobrepasaron los 40° de latitud nor- te; estaban en el buen camino. Sin embargo, borrascas y vientos contrarios hicieron imposible la navegación, por lo que regresaron a las Molucas; habían muerto treinta y dos hombres. En las Mo- lucas los portugueses se apoderaron del barco y de su cargamento, apresando a los diecisiete espa- ñoles que quedaban a bordo. Sólo tres, uno de ellos Gómez de Espinosa, tras pasar algunos años en prisión, fueron repatriados a España, vía Lisboa. Como balance de la expedición magallánica puede afirmarse que en la exploración de la ecúmene hay pocos viajes de tanta importancia y trascendencia como la primera circunnavegación. En el plano científico y geográfico fue altamente positivo, entre sus logros cabe citar el hallazgo del paso interoceánico; el descubrimiento de la travesía del Pacífico, hasta entonces desconocida, la apertura de nuevas rutas a la navegación; el descubrimiento de las Marianas y las Filipinas; la llega- da a las Molucas por la vía del oeste; y la comprobación en la práctica, de la redondez del globo te- rráqueo; además de la enorme cantidad de datos náuticos, cosmográficos, geográficos, etnográficos... obtenidos durante el periplo, que en formas de cartas, relaciones y libros de navegación entregó El- cano a la Casa de Contratación y que pronto fueron del conocimiento de Europa. No puede decirse lo mismo desde la perspectiva económica, pues aunque la carga de clavo y especias traídas en la Victoria cubrió con creces los gastos de la expedición, el viaje demostró que por el estrecho de Ma- gallanes era imposible establecer una línea comercial comparable a la que los portugueses desarro- llaban por el cabo de Buena Esperanza. Segunda expedición a las Molucas: Loaysa, Elcano y Urdaneta Inmediatamente después de la llegada de Elcano a España se puso en marcha una segunda expedi- ción que pretendía establecer relaciones comerciales con las Molucas, si no su propia conquista. Hasta 1529 la rivalidad por las islas se desarrolló en un doble plano: el diplomático, puesto que las Molucas quedaban en el mismo centro del contencioso de los pueblos ibéricos, y el militar y co- mercial, con la expedición de Loaysa y la creación en La Coruña de una Casa de la Contratación de la Especiería. 6 Fracasado el plano diplomático, como veremos seguidamente, se preparó una armada de mayor envergadura –siete naves y más de mil toneladas– que la de Magallanes, cuya jefatura recayó en el comendador de la orden de San Juan, frey García Jofre de Loaysa, con el significativo título de capitán general y gobernador de las islas de Maluco; como segundo y piloto mayor iría Juan Sebas- tián Elcano, que llevaría de paje a un muchacho de diecisiete años, Andrés de Urdaneta, futuro des- cubridor de la vuelta del poniente, y que, como Pigaffeta, nos dejó una relación de la singladura. La expedición zarpó de La Coruña el 24 de julio de 1525. Los temporales, la separación de las naves y los destrozos de algunas de ellas hicieron que sólo cuatro llegaran al Pacífico, 7 y sólo la ca- 5.Elcano fue recibido en Valladolid por el emperador, que le otorgó un escudo de armas en el que figuran, en su parte infe- rior, el clavo, la canela y la nuez mosca- da, y un globo por cimera del yelmo, con la leyenda « Primus circundedisti me». A Gómez de Espinosa, por real cédula, dada en Burgos el 4 de febrero de 1528, se le dio ejecutoria de nobleza y escudo de ar- mas con el globo terráqueo por cimera, aunque sin el lema otorgado a Elcano. 6.Chaunu, P., Conquista y explotación... , p. 83. 7.La carabela Santa María del Parral fue la única que llegó a Mindanao. Encalló en la isla de Sanguín, entre Celebes y Min- danao. Sólo tres de sus tripulantes sobre- vivieron, y fueron rescatados por la expe- dición de Álvaro de Saavedra. El patache Santiago , separado de la flota, puso rum- bo a Nueva España y consiguió fondear en el golfo de Tehuantepec el 25 de julio de 1526. Sobre la San Lesmes se han dado diversas hipótesis: naufragó en una isla de las Marquesas, donde sus descubridores hallaron una cruz; se perdió en el archi- piélago de Tuamotu, donde Domingo Boenechea encontró en 1772 una cruz muy antigua; acabó sus días en el atolón de Amanu, del mismo grupo anterior, lu- gar en el que apareció un cañón español y donde se supone que los sesenta náu- fragos introdujeron muchos hábitos cul- turales. Landín Carrasco, A., Islario espa- ñol del Pacífico , 33, 1984; p. 21; Prieto, C., El océano Pacífico, navegantes españoles del siglo XVI , Madrid, 1975; pp. 190-191. 30 FILIPINAS, PUERTA DE ORIENTE. DE LEGAZPI A MALASPINA
pitana – Santa María de la Victoria–, arribaría a las Molucas, con ciento veintisiete hombres; en la tra- vesía murieron Loaysa y Elcano. En su singladura descubrieron una de las islas Marshall, San Barto- lomé. Desde las Marianas llegaron a las Filipinas –Mindanao– y posteriormente a Gilolo, la mayor de las Molucas, el 27 de octubre de 1526. Los supervivientes, al mando de Hernando de la Torre, a los que después se unieron los de la expedición de Álvaro de Saavedra, mantuvieron una dura pugna con los lusitanos, que contaban con la inmensa ventaja de tener una base próxima de aprovisionamiento en Malaca, hasta 1532. Al enterarse de que el emperador había vendido a los portugueses sus derechos sobre las Molucas, ne- gociaron con éstos su traslado a España. Llegaron a Lisboa en 1536, entre ellos Urdaneta, que ha- bía pasado en el Pacífico once años. Tratado de Zaragoza La llegada de la expedición de Magallanes a las Molucas originó una protesta diplomática por parte de Portugal, que entendía que las islas le pertenecían por el tratado de Tordesillas, a lo que se aña- día la prioridad de su descubrimiento ; era lo contrario de lo que pensaba la corona española. La ra- zón estaba de parte de los portugueses, pues el antimeridiano de Tordesillas era el 135, 1' y 3”, que pasaba por el extremo occidental de Nueva Guinea, por lo que aquellas islas y Filipinas quedaban in- cluidas en la zona lusitana. Pero esto no se sabía el 9 de febrero de l524, momento en que se acordó –tratado de Victoria– la reunión de astrólogos, pilotos y marinos de ambos reinos al objeto de fijar la situación de las islas de las Especias. Los encuentros que se mantuvieron en Elvas y Badajoz fra- casaron ante la imposibilidad técnica de fijar la raya. Al fin, el 22 de abril de 1529, por el tratado de Zaragoza, se dirimía el conflicto a favor de Portugal. Carlos I renunciaba a sus derechos sobre las Mo- lucas mediante el pago de 350.000 ducados de oro, con pacto perpetuo de compraventa. A partir de entonces España centró sus esfuerzos en colonizar las islas y tierras que se descu- briesen al este de las Molucas, lo que no impidió que poblase y poseyese las Filipinas sin disputa ma- yor por parte de los portugueses, sin duda porque en ellas no se daban las especias. La colonización se llevó a cabo desde México, que tomó el relevo de la exploración del Pacífico.
PROYECCIÓN TRANSPACÍFICA NOVOHISPANA: FILIPINAS
Álvaro de Saavedra Cerón
El primer y principal interesado en esta exploración fue Hernán Cortés, que ya en 1524 construyó cuatro navíos en Zacatula para tal fin. Enterado el emperador Carlos de este hecho, escribió al con- quistador ordenándole, por real cédula de 10 de junio de 1526, firmada en Granada, que preparase una armada para enviarla a las Molucas con el fin de auxiliar y recabar noticias de los supervivien- tes de la Trinidad y de las expediciones de Loaysa y Caboto. Estos planes no debieron de sorprender- le, ya que desde meses atrás pensaba explorar el Oriente y aun, como lo escribe al fin de su quinta Re- lación , se ofrecía a ir él mismo. 9 La flota compuesta de tres naves y ciento diez hombres al mando de Álvaro de Saavedra Ce- rón, primo de Cortés, zarpó de Zihuatanejo el 31 de octubre de 1527. Sólo una, la nao Florida , la capitana, logró llegar a Mindanao, las otros dos se perdieron en las proximidades de las Marianas.
A finales de marzo de 1528 estaban en Tidore, donde encontraron a los supervivientes de la expe- dición de Loaysa.
El 14 de junio de 1528 zarpó Saavedra con la Florida rumbo a Nueva España. Tras cinco me- ses de navegación y tras alcanzar los l4° de latitud norte, cayeron en la red de los vientos alisios del nordeste y fueron arrastrados nuevamente a las Molucas (l9 de noviembre), tras pasar por las Ma- rianas y Mindanao. Reparada la Florida , el 3 de mayo de 1529 emprendió Saavedra su segundo y úl- timo intento de retorno navegando por una ruta más al sur. De nuevo tuvo a los elementos en con- tra, ahora en forma de calmas. Logró alcanzar los 26°, quizá en el grupo septentrional de las Hawai, donde murió Saavedra. La navegación continuó hacia el norte, pero el estado de la nao y los tiem- pos adversos les obligaron a regresar a las Molucas, en esta ocasión a Gilolo.
La trágica empresa no logró cumplir los objetivos planteados, exceptuando la ayuda prestada a Hernando de la Torre y sus hombres, pero fue altamente fructífera en el plano geográfico, ya que se descubrieron algunas de las islas de los grupos de las Marshall, de las Carolinas, de las Papúas y de las Bismarck, la de Almirantazgo y Nueva Guinea. Y sus fallidos intentos fueron una excelente lección para el futuro y positivo viaje de Urdaneta.
Hernando de Grijalva
El origen de esta expedición se encuentra en la petición de ayuda de Francisco Pizarro a Hernán Cortés. Éste le remitió, en 1536, dos barcos con socorros, la nao Santiago y el patache Trinidad , al mando de Hernando de Grijalva, descubridor de las islas de Revillagigedo. Cuando las naves llega- ron a Paita, Pizarro controlaba la situación. La Trinidad , mandada por Fernando Alvarado, regresó a México. Grijalva, con la Santiago , puso rumbo a occidente en abril de 1537.
En su navegación, mantenida el mayor tiempo sobre la equinoccial, tentaron latitudes de 13° al sur y 24° al norte, sin que encontraran tierras, fracasando también en sus intentos por volver a Nueva España. Tras descubrir las islas Christmas y la de Los Pescadores, identificable con una de las Gilbert, el periplo concluyó trágicamente en aguas de Nueva Guinea. En la travesía Grijalva fue asesinado por sus hombres y muy pocos de ellos sobrevivieron.
Ruy López de Villalobos
La segunda expedición que partió desde México hacia el Pacífico fue organizada por el virrey no- vohispano Antonio de Mendoza, que consideraba de gran interés explorar y, en su caso, poblar y evangelizar las islas y territorios que correspondiesen a España. El mando recayó en un pariente suyo, Ruy López de Villalobos.
Integraban la flota seis embarcaciones de menor porte y 370 hombres de mar y guerra, además de cuatro agustinos y otros tantos sacerdotes seculares, que partieron del puerto de Navidad el 1 de noviembre de 1542. En su singladura pasaron por el archipiélago de Revillagigedo, y descubrieron al- gunas de las Marshall, que bautizaron del Coral o Los Corales, un grupo que nombraron de los Jar- dines, la isla de Matalotes, quizá de las Carolinas, y los Arrecifes, en las Palaos. El 2 de febrero de 1543 fondeaban en Mindanao, que por su grandiosidad llamaron Cesare Caroli. Desde Mindanao navegaron a la isla de Sarangani, donde Villalobos intentó, sin éxito, fundar una colonia abriendo las tierras al cultivo de maíz y otros cereales. 32 FILIPINAS, PUERTA DE ORIENTE. DE LEGAZPI A MALASPINA
Desde Sarangani, primero, y desde Leyte, el 26 de agosto de 1543, zarpó la nao San Juan de Letrán , que al mando de Bernardo de Torres intentó retornar a México en demanda de ayuda para proseguir la campaña. Con rumbo nordeste, quizá alcanzaron los 30° de latitud, rebasando el archi- piélago japonés de Kazan-Reto. Una fuerte borrasca les obligó a regresar a Leyte, 10 para otros Sa- mar, a la que Villalobos llamó isla de Felipina en honor del futuro Felipe II, nombre que se extende- rá a todo el archipiélago.
La San Juan protagonizó una nueva tentativa de regresar a Nueva España atravesando el Pa- cífico de este a oeste. Villalobos confió el mando al alférez mayor y maestre de campo Íñigo Ortiz de Retes, que partió de Tidore el 16 de mayo de 1545. Ante los fracasos anteriores por el norte, Retes buscó una ruta alternativa por el sur. En su navegación descubrieron diversas islas –Sevillana, Galle- ga y los Mártires– al norte de Nueva Guinea; de ésta costearon 250 leguas de su litoral septentrional, la nombraron Nueva Guinea por la similitud de sus pobladores con los de su homónima africana, y to- maron posesión de ella en nombre de España. La singladura siguió por el paralelo 3° de latitud sur, bautizando islas entre la línea equinoccial y la costa nordeste de Nueva Guinea, hasta llegar, el 27 de agosto, a las islas que llamaron de los Hombres Blancos –Anacoretas–, donde los pilotos, ante la im- posibilidad de seguir navegando por los temporales, el 3 de octubre decidieron volver a Tidore.
Villalobos pactó con los portugueses la repatriación a España de sus hombres. El viaje comen- zó en febrero de 1546 y concluyó en Lisboa el 1 de agosto de 1548. Llegaron 144 supervivientes, en- tre ellos Ortiz de Retes y García de Escalante, que dejó una Relación de este viaje. Villalobos había fallecido en Amboaina de fiebres palúdicas, recibiendo los auxilios espirituales de san Francisco Javier.
Como logros positivos de la expedición cabe apuntar el reconocimiento de diversas islas de las Carolinas y de las Palaos, así como el desembarcar y reconocer más detenidamente parte del litoral septentrional de Nueva Guinea. Legazpi y Urdaneta.
El descubimiento del tornaviaje
Tras los seis fracasos, si incluimos el de Hernando de Grijalva, de intentar cruzar el Pacífico de oeste a este, pasaron unos veinte años de inactividad en las navegaciones por este océano, fuera de los litora- les americanos. A pesar de ello la corona española estaba dispuesta a no cejar en su empeño de conse- guir su cuota en el comercio con Oriente, para lo que era imprescindible encontrar la vuelta de Po- niente. No es de extrañar, por tanto, que Felipe II aceptase el plan que le propuso el segundo virrey de México, Luis de Velasco, de enviar una nueva armada para tal fin y conseguir un bastión español en el Pacífico. El proyecto le había sido presentado por Andrés de Urdaneta, quien, como vimos, ha- bía estado en la expedición de Loaysa como paje de Elcano y era gran conocedor del Pacífico, pues había permanecido en las islas orientales hasta 1536, año en que regresó a España por la ruta del Cabo. Desde España pasó a México, donde desempeñó varios cargos, ingresando en el convento de los agustinos en 1552. Felipe II, además de acoger el proyecto, escribió a Andrés de Urdaneta ro- gándole que aceptase embarcar en la expedición en calidad de cosmógrafo.
Los preparativos y la construcción de los barcos demoraron cinco años la partida de la flota, compuesta por cinco naves: dos naos, San Pedro y San Pablo , de 500 y 400 toneladas; dos pataches, San Juan y San Lucas , de 80 y 40 toneladas, y un pequeño bergantín. A su mando iba Miguel López de Legazpi, y el encargado de dirigirla era Andrés de Urdaneta. 11
El 21 de noviembre de 1564 zarpó la flota del puerto de la Navidad y el 25 se abrieron las Instrucciones de la Audiencia. 12 Días después se separaba el patache San Lucas , que regresaría al puerto de la Navidad el 9 de agosto de 1565. 13 El resto de la flota navegó por la ruta marcada por las Instrucciones –9° o 10° sobre la ecuatorial–, la misma que había seguido López de Villalobos, to- cando en las islas y arrecifes que éste bautizó de los Jardines .
A partir de aquí ganaron unos grados de altura, rumbo que los llevó a Samar –13 de febrero de 1565– tras pasar por la mariana Guam. Des- de Samar, y con el propósito de establecer relaciones amistosas con los naturales y conseguir víve- res, los barcos de Legazpi recorrieron diversas islas: Leyte, Mazagua, Bohol, Mindanao y Cebú, don- de arribaron el 27 de abril. En la isla de Cebú se fundó San Miguel, y desde aquí se completó el establecimiento hispánico en el archipiélago filipino.
El fin primordial de la expedición era el hallazgo de la ruta del retorno, Felipe II así lo indica- ba: «Lo principal que en esta jornada se pretende es saber la vuelta, pues la ida se sabe que se hace en breve tiempo». A tal fin se preparó en Cebú, por indicación de Urdaneta, la nao San Pedro , con provisiones para ocho meses y con una tripulación de doscientos hombres y tres pilotos, al mando de Felipe Salcedo, sobrino de Legazpi, aunque en la práctica estaban bajo las órdenes de Urdaneta.
La San Pedro zarpó de Cebú el 1 de junio de 1565, que puede considerarse una de las fechas más trascendentales en la navegación oceánica. Tras salir del archipiélago por el estrecho de San Bernardino, enrumbó hacia el nordeste, alcanzando los 39° por encima de la equinoccial el 3 de agosto. Por esta latitud atravesaron el Pacífico hasta alcanzar las costas de California, hacia los 34°, desde donde singlaron hacia el sur, para arribar al puerto de la Navidad (1 de octubre) y al de Aca- pulco (8 de octubre).
Urdaneta había descubierto, con un gran rodeo, el camino más rápido y seguro, si no el más corto entre Asia y América por el Pacífico norte, evitando los alisios y siguiendo la corriente del Kuro-Shivo. En adelante esta ruta será navegada por el Galeón de Manila o Nao de Acapulco, que durante doscientos cincuenta años impulsará el comercio entre China-Filipinas-México y España. Tras el descubrimiento de la ruta del tornaviaje, el hombre pudo recorrer los espacios oceánicos en todas las direcciones.
Legazpi comenzó la anexión del archipiélago, solicitando las pertinentes autorizaciones para fundar ciudades y repartir tierras y encomiendas. Éstas no llegarán hasta finales de 1569, en que se recibió una real cédula de Felipe II (14 de agosto de 1569) por la que se le nombraba gobernador y capitán general, y se le facultaba para erigir ciudades y proceder a los repartimientos solicitados. Des- de 1566 llegaron soldados, colonos, pertrechos y víveres que consolidaron la presencia española y permitieron llevar a cabo la anexión de Panay, Mindoro y Luzón, isla en la que se situó la capital del archipiélago, Manila, fundada el 24 de junio de 1571.
Legazpi daba así cumplimiento a los deseos de la corona española de contar con una posesión estable en el Lejano Oriente. A partir de entonces Manila se convertirá en el punto de encuentro de Oriente y Occidente. En ella se dieron cita las rutas comerciales de China, Japón e Indochina, enlazando, esta última, con las de Arabia, Persia y la India, y las de Europa, vía México
PROYECCIÓN TRANSPACÍFICA DESDE EL PERÚ: LA BÚSQUEDA DE LA TERRA AUSTRALIS Con la expedición Legazpi-Urdaneta concluía el medio siglo de exploración del Pacífico llevada a cabo desde España y México. Quedaban por descubrir otras islas y tierras que se encontraban al sur del Ecuador, y a ello se dedicó la corona española a través del virreinato del Perú. Razones científicas –búsqueda de la Tierra Austral–, políticas –mantener el Pacífico dentro de la órbita hispana–, y el in-
terés por encontrar islas y tierras impulsaron la nueva etapa descubridora. Sus máximos protagonis- tas fueron los Álvaro Mendaña, Sarmiento de Gamboa, Fernández de Quirós y Váez de Torres. Supuesta la esfericidad de la Tierra por la geografía clásica, se tuvo por cierta la existencia de una extensa masa de tierra en el sur para que el globo terráqueo conservase el equilibrio sobre su eje. En los pitagóricos (Crates, Pomponio Mela, Macrobio...) se encuentra la idea de esa Quarta Pars Incognita, que Tolomeo elevó a categoría de dogma. Esa cuarta pars pudo ser América; pero una vez hallada, el hombre volvió a inventar islas y continentes en pleno Pacífico, y poco después del des- cubrimiento del Nuevo Mundo la tierra Austral Incognita aparecía dibujada en globos y mapas –Ro- selli, Monachus, Shöner Finneus, Mercator, Ortelius y otros– como un gran espacio en el extremo sur del planeta. Al interés por hallar el hipotético continente austral se unía el de encontrar islas y tierras que se creían próximas al litoral, sin duda, reflejo de las Galápagos. No faltaban tradiciones y crónicas in- caicas que hacían referencia de esas tierras y de sus riquezas. A ello se añadía el que la mítica Ofir, de donde Salomón traía sus naves cargadas de oro, se hallase en algún lugar del Pacífico sur. En 1549 el pacificador La Gasca escribía al Consejo de Indias: «Parece que esta Mar del Sur está sembrada de is- las muchas y grandes...; y podrá ser que en las que están bajo de la equinoccial, o cerca de ella, hu- biese especiería, pues están en el mismo clima del Maluco». Todo ello motivó que ya desde muy pronto (1550) los españoles comenzaran a solicitar autorización para el descubrimiento de estas is- las y tierras, aunque tales proyectos no serán fructíferos y habrá que esperar a 1567, año en que se inició el ciclo de las navegaciones transpacíficas que partieron del Perú, si omitimos la de Grijalva.
Los viajes de Álvaro de Mendaña y Neira La primera de estas expediciones fue patrocinada por Lope García de Castro, gobernador del Perú, que encomendó el mando a su sobrino Álvaro de Mendaña y Neira. La formaban dos naves, Los Reyes y Todos los Santos , capitana y almiranta, en las que marchaban unos ciento cincuenta hombres, entre ellos, Pedro Ortega como maestre de campo y capitán de la almiranta, Pedro Sarmiento de Gamboa como ca- pitán de la nao capitana y cosmógrafo, y Hernán Gallego como piloto mayor. Con Mendaña, son los per- sonajes más importantes del viaje, que redactaron sendos escritos que evidencian sus desavenencias y distintos criterios sobre las rutas. Iban, además, otros tres pilotos y cuatro religiosos franciscanos. Zarparon de El Callao el l9 de noviembre de 1567. Tras descubrir Nombre de Jesús –actual Niu, del grupo Ellice– y Candelaria –atolón de Otong Java–, el 5 de febrero (según Gallego), o el 7 (según Sarmiento), arribaron a la isla de Santa Isabel, la mayor de las Salomón, desde la cual llevaran a cabo, entre el 4 de abril y el 8 de mayo, la exploración y bautizo de casi todas las islas del archipiélago. Los seis meses que permanecieron en las Salomón fueron una lucha constante contra los in- dígenas, las inclemencias del tiempo y las fiebres. Así las cosas, el 7 de agosto se discutió la conve- niencia de poblar, continuar la navegación hacia el sur –propuesta defendida por Sarmiento de Gam- boa y Pedro Ortega, pues consideraban que estaban cerca de Nueva Guinea– o retornar al Perú. La mayoría se mostró opuesta a poblar, por lo que se decidió regresar. Navegaron primero al sudeste por decisión de Mendaña, aunque pronto prevaleció la opinión de Hernán Gallego de hacerlo al norte del Ecuador por la vía de Nueva España. De haberse seguido la opinión de Sarmiento quizá se hubiera descubierto Australia. El 11 de agosto se inició el regreso desde la isla de San Cristóbal. Tras pasar la equinoccial, na- vegaron por el paralelo 30° de latitud norte para alcanzar el continente americano (21 de diciembr
a la altura de la bahía de Sebastián Vizcaíno. El 24 de enero de 1569 llegaba la capitana al puerto de Santiago de Colima, y tres días más tarde lo hacía la almiranta al mando de Sarmiento, después de haber estado separadas tres meses. Tras pasar por Acapulco y Realejo (Nicaragua), donde per- manecieron dos meses reparando los barcos, el 11 de septiembre de 1569 fondearon en El Callao. Desde el plano geográfico el viaje de Mendaña fue altamente positivo, supuso la apertura de la ruta este-oeste hacia los archipiélagos polinesios, el descubrimiento de las Salomón, y el abrir el camino a futuras expediciones. No obstante, fue un fracaso en pérdidas humanas y en el aspecto eco- nómico, pues Mendaña, llevado por la fantasía, exagerará las riquezas de las Salomón comparándo- las con el Ofir bíblico, de ahí su nombre. Álvaro de Mendaña comenzó pronto a gestionar la autorización y la ayuda para aprestar una nueva flota que ampliara los descubrimientos en el Pacífico y colonizar las Salomón. A tal fin se tras- ladó a España en 1572, y dos años después, el 27 de abril de 1574, obtuvo una capitulación en la que se le autorizaba a poblar y pacificar las «Yslas occidentales de la Mar del Sur», nombrándole adelan- tado y capitán general por su vida y la de un heredero. Vuelto al Perú (1577), tuvo que esperar cer ca de veinte años para llevar a cabo su empresa, pues ni el virrey Toledo ni sus sucesores le presta- ron apoyo. Sí lo hará el segundo marqués de Cañete, García Hurtado de Mendoza. La expedición zarpó el 9 de abril de 1595 desde El Callao y el 16 de junio desde Paita. La com- ponen cuatro naves que albergaban a 387 personas, de ellas 280 soldados y, caso único en la histo- ria de los descubrimientos, muchas mujeres, incluida la esposa de Mendaña, doña Isabel de Barre- to. Como piloto mayor iba Pedro Fernández de Quirós, que, junto con Luis de Belmonte, dejaron sendas relaciones del viaje. La flota navegó sobre el paralelo 10° de latitud sur; el 21 de julio descubrieron un archipiéla- go al que bautizaron Marquesas de Mendoza en honor del virrey peruano que patrocinaba la expe- dición. En su navegación hacia el oeste hallaron la isla que nombran de San Bernardo y Solitaria, identificable con Niulakita o la Olosenga del grupo de las Tokelan.
Para entonces (fines de agosto), el descontento, las penalidades y la escasez de agua empezaban a minar el ánimo de la gente; el via- je se alargaba más de lo previsto y las Salomón no aparecían, se pensaba que Mendaña y Quirós ha- bían perdido el rumbo. Al fin, el 7 de septiembre avistaron la isla de Santa Cruz. Al día siguiente, la Santa Isabel , la almiranta, desapareció y con ella 182 integrantes de la expedición. En Santa Cruz –bahía Graciosa– comenzó la colonización: se construyó un poblado con sus pozos, su casa munici- pal y su iglesia y, desde ella se exploró parte del archipiélago. La colonización resultó inviable por la insubordinación de muchos expedicionarios que cometieron tropelías contra los isleños, lo que mo- tivó el ajusticiamiento del maestre de campo y de varios oficiales, y, sobre todo, por la aparición de una extraña epidemia que diezmó a los expedicionarios. Entre ellos el propio Mendaña, que falleció el l8 de octubre de 1595. En su testamento nombraba gobernadora de la futura colonia a su esposa, y a un hermano de ésta, Lorenzo Barreto, capitán general de la escuadra. Barreto murió a los pocos días de una flecha indígena, con lo que toda la autoridad, tanto en mar como en tierra, pasó a doña Isabel Barreto, que asumió los títulos de gobernadora y adelantada, caso único en la historia de la co- lonización española en América y Oceanía.
En los últimos días se había dado sepultura a cuarenta y siete personas; ante tantas adversida- des se decidió abandonar la malsana isla y la proyectada colonización e ir en busca de la isla de San Cristóbal, del grupo de las Salomón, y de la perdida nao Santa Isabel . Al alcanzar los 11° de latitud sur sin encontrarlas, se puso rumbo a Manila bajo la dirección náutica de Fernández de Quirós. La na- vegación, que duró casi tres meses, se desarrolló en penosas condiciones, con un rígido racionamien- to de agua y comida, al que la gobernadora se negó a participar, llegando a utilizar la poca agua pota- ble que había en el lavado de sus ropas. De los tres barcos que zarparon de la trágica bahía Graciosa, el único que llegó a Manila (11 de febrero de 1596) fue la nao capitana, la San Jerónimo , aunque con medio centenar de personas menos, luego de pasar por las Carolinas y las Marianas; la San Felipe arri- bó en pésimas condiciones a las costas de Mindanao, y la Santa Catalina desapareció sin dejar rastro.
Pedro Fernández de Quirós y Luis Váez de Torres Pedro Fernández de Quirós fue el responsable de la tercera singladura transpacífica que partió del Perú. Aparte de ser el piloto mayor de Mendaña, era un experimentado marino en la ruta del Galeón de Manila. Hombre idealista y religioso hasta el misticismo, se obsesionó con la idea de hallar en la zona austral una tierra firme a la que llevar el cristianismo. Dado el alcance de su proyecto, el virrey le aconsejó entrevistarse con Felipe III.
A tal efecto llegó a Sevilla (febrero de 1600), de donde se di- rigió a Roma para ganar el jubileo y, sin duda, para interesar a la Santa Sede en su empresa misio- nal. Consiguió la recomendación de Clemente VII ante el monarca español, que, a su vez, le dio su firme apoyo. Cinco años después logró aprestar tres naves: –la nao San Pedro y San Pablo , capitana, de 155 toneladas; la San Pedro , almiranta, de 120 toneladas, y la zabra Tres Reyes. Embarcaron en ellas unos trescientos hombres, entre ellos: Luis Váez de Torres, portugués como Quirós, que fue como al- mirante; Pedro Bernal, capitán de la zabra; el piloto Juan Bernaldo; cuatro franciscanos y dos legos, y varios hermanos de San Juan de Dios. El 21 de diciembre zarparon de El Callao y navegaron con rumbo sudoeste para tratar de al- canzar el pretendido continente austral.
Al cabo de seis semanas hallaron una serie de islas e islo- tes, donde no era posible fondear ni abastecerse, pertenecientes a los archipiélagos de Tuamotu y So- ciedad. Ante las protestas de los expedicionarios, Quirós decidió buscar la isla de Santa Cruz, pero en su lugar hallaron otras, como la Peregrina o Gente Hermosa (Rakahanga), y, finalmente, las Nue- vas Hébridas, que exploran hasta asentarse en la mayor, a la que Quirós llamó Australia del Espíritu Santo y de la que tomó posesión con gran ceremonia religiosa. 15 El descontento impidió el progreso de la colonia, bautizada como Nueva Jerusalén. A princi- pios de junio los barcos intentaron proseguir los descubrimientos, pero un temporal separó la naves.
Quirós indica en su relato que la tormenta le impidió volver al puerto, opinión que no compartían Váez de Torres y Diego Prado de Tovar, para quienes los abandonó intencionadamente, aunque ig- noraban si por la pobreza de la tierra o por volver pronto al Perú y dar noticia de su descubrimiento . Quirós puso rumbo a la isla de Guam para recalar en Manila y, después, por la conocida ruta del Galeón de Manila, arribar al puerto de Acapulco el 21 de diciembre de 1606. Dato interesante del viaje, y que habla a favor de sus conocimientos del Pacífico, es que no se presentó el escorbuto y sólo hubo que lamentar el fallecimiento del octogenario fray Martín Molina.
Tras esperar quince días a Quirós, Váez de Torres continuó la exploración en cumplimiento de las instrucciones del virrey. Pronto se percató de que la Tierra del Espíritu Santo es una isla; como hacia el sudoeste no encontró indicios del continente austral, singló hacia el noroeste, topándose con Nueva Guinea, que bordeó por su litoral meridional, a la que también llamaron Magna Marga- rita. Descubrió una buena cantidad de islas más o menos cercanas a sus costas, entre ellas la punta norte de la península australiana de York, y atravesó el estrecho que separa Nueva Guinea de Aus- tralia, que hoy lleva su nombre. Acababa de realizar, accidentalmente si se quiere, uno de los más grandes descubrimientos geográficos de la época. La navegación siguió por las Molucas, y el 22 de mayo de 1507 Váez de Torre fondeaba en Manila con la San Pedro.
PROYECTOS PAISES EN DESARROLLO
Uso sostenible de los recursos marinos en Kuna Yala, Panamá |
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Expedición al Kuna Yala
16 de Junio, Ogobsucum/Ustupu: Taller con los estudiantes de la brigada ambiental de la escuela Nele Kantule. Se habló sobre los ecosistemas marinos: Manglares, Pastos Marinos y Arrecifes y la importancia de cada uno para el hombre y la salud ambiental. Vimos un video del científico norte-americano Jeremy Jackson (quien ha trabajado mucho en Panama con el Instituto Smithsonian), sobre los cambios ambientales marinos en los ultimos 40 años. Se discutió el fenomeno conocido por “líneas de referencia cambiantes”.
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La linea de referencia original de un ecosistema seria su estado original, pristino o inalterado. Los cambios en las líneas de referencia son cambios crónicos, lentos y difíciles de observar en las cosas. Las líneas de referencia son importantes para medir la salud de los ecosistemas, proveen información contra la cual se puede comparar el cambio e indican cómo eran antes las cosas.
Si conocemos la línea de referencia para un ecosistema degradado, podemos tomar medidas para restaurarlo. Pero si la línea de referencia ha cambiado antes de que tuviéramos la oportunidad de trazarla, corremos el riesgo de aceptar una condición degradada como normal, o hasta como una mejora. En el caso de Kuna Yala, los jovenes de hoy veen los arrecifes deteriorados, como si fueran naturales, sin darse cuenta que solamente una o dos generación atras, cuando sus padres y abuelos eran jovenes, los mismos arrecifes eran mucho mas saludables, mejor desrollados y lleno de vida.
Cómo hacer sostenible el uso de los recursos marinos en Kuna Yala
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El pueblo Kuna vive en pequeñas islas en la comarca de Kuna Yala.
Este proyecto pretende remediar algunas de las causas locales del grave deterioro de los ecosistemas marinos en el territorio indígena de Kuna Yala, en concreto, la sobrepesca y la extracción de coral. Dado que el sustento y la economía de los habitantes de Kuna Yala dependen casi por completo de unos ecosistemas sanos, es de primordial importancia fomentar entre la población local la toma de conciencia y el conocimiento de los actuales problemas medioambientales, sus causas y los posibles remedios, así como adoptar medidas para restaurar y conservar los ecosistemas sanos y los recursos que proporcionan a los habitantes locales.
Kuna Yala es un territorio indígena semiautónomo situado en el norte de Panamá, que cuenta con 200 km de litoral caribeño. Las zonas marinas de aguas someras (< 20 m), que incluyen arrecifes de coral y unas 360 islas, totalizan unos 2.500 km2. Los ecosistemas marinos de Kuna Yala están considerados entre los más prístinos del Caribe y albergan una serie de arrecifes de coral de una especial complejidad y biodiversidad (Guzmán et al. 2003).
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La economía de Kuna Yala se basa en la agricultura y la pesca.
Sin embargo, Kuna Yala no se ha librado de una importante degradación de sus hábitats: una compleja interacción de factores naturales y antropogénicos (como la extracción de coral para rellenar tierras, la contaminación, la sobrepesca, las enfermedades del coral y los erizos de mar, el aumento de la temperatura del agua) ha provocado un intenso cambio en los arrecifes de esta región. De forma especialmente notable, ha habido una sustancial reducción en la cubierta de coral vivo, desde un 70 % aprox. existente en los años 70 hasta el 20 % actual, y una conversión de los ecosistemas dominados por el coral a ecosistemas dominados por las algas (Schulman & Robertson, 1996).
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El sustento depende directamente de unos ecosistemas sanos
La reducción de la cubierta de coral está causando una mayor exposición a las olas, lo que ocasiona una erosión de los cayos coralinos. Dicha reducción también produce la pérdida del hábitat de una amplia variedad de especies comerciales y de otras especies, muchas de las cuales se ven amenazadas ahora por la sobreexplotación. Debido a su cultura de agricultura de subsistencia, caza y pesca, el sustento del pueblo Kuna depende directamente y casi por completo de unos ecosistemas sanos. Se ha estimado que un 80 % de las proteínas en la dieta de los Kuna procede del pescado y otros alimentos de origen marino (Ventocilla et al. 1995). |
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